Osvaldo Cantillo

(Pintor)

Cuando no le alcanzan a Osvaldo Cantillo –artista-  los acrílicos y los oleos y los carbones –de leña- y la savia psicodélica desviada del árbol,   para pintar un rostro de –mujer-  que  no envejece, un cuerpo sudoroso –de hombre o de pájaro o de dios- que vuela (cae) del acantilado, un paisaje de extraña estampa que para no pagar impuestos  huye de la manigua, la estrella imaginaria que devora un niño estudiante durante el recreo, le arma con prontitud en –sentimiento advenedizo- de sorprendente realidad,  un esqueleto o una performance (sobre medidas), hecho con escombros y leños y varillas desahuciadas que le dan existencia y picardía y gesto perenne.

Consciente del valor de su obra pictórica-literaria, en la encomienda –donada- de los ethos, hace ruido –desde el silencio de la hamaca, anclada sobre la marea- con golpear el cencerro de oxidada lámina que bien acompaña las tumbadoras, las tamboras, las congas, en las melodías reminiscentes que sacuden en febriles ritmos  –por usencia o por exceso de amor y pasión- el ombligo salado de los corales del Mar Caribe. No en vano el artista atraviesa fronteras de nuestro país para señalar al Mundo su presencia soñadora  que atrae y cautiva con el imán que en la noche oscura tiene una ciudad bordada con iluminados hilos de neón.